LA NAVIDAD TIEMPO HERMOSO PARA CONTEMPLAR EL MISTERIO DEL DIOS HECHO CARNE

Este espacio quiere ser un ventana abierta al infinito que es Dios o una puerta abierta al finito, que somos cada uno de nosotros. Todos podemos comunicarnos con Él, porque la oración es el medio que tenemos para expresar lo que sentimos en cada momento. Dios que es amor, ha derramado, gracias a la muerte en la cruz y resurrección de su Hijo, la fuerza y la grandeza de su Espíritu Santo. Santa Teresa de Jesús define la oración: "tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos que nos ama" (V 8,5). No podemos olvidar que Dios nos ha regalado un año nuevo para que lo aprovechemos en bien de los demás y seamos cada uno de nosotros lo que Dios quiere y espera de nosotros. ¡Disfrutemos de esta nueva oportunidad!
DIOS ES AMOR Y NOSOTROS TENEMOS QUE SER REFLEJO DE SU AMOR ALLÁ DONDE ESTEMOS.


miércoles, 22 de febrero de 2012

MIERCOLES DE CENIZA: LA MIRADA REPARADORA DE CRISTO



La Cuaresma es el tiempo privilegiado de la peregrinación interior hacia Aquel que es fuente de misericordia. Es una peregrinación en la que Él mismo nos acompaña a través del desierto de nuestra pobreza, sosteniéndonos en el camino hacia la alegría intensa de la Pascua.

La Iglesia, iluminada por esta verdad pascual, es consciente de que, para promover un desarrollo integral, es necesario que nuestra "mirada" sobre el hombre se asemeje a la de Cristo. En efecto, de ningún modo es posible dar respuesta a las necesidades materiales y sociales de los hombres sin colmar, sobre todo, las profundas necesidades de su corazón. Ya Pablo VI, identificaba los efectos del subdesarrollo como un deterioro de humanidad.

Ante los terribles desafíos de la pobreza de gran parte de la humanidad, la indiferencia y el encerrarse en el egoísmo aparecen como un contraste intolerable frente a la "mirada" de Cristo. El ayuno y la limosna (caridad), que junto, con la oración, la Iglesia propone de un modo especial en el periodo de Cuaresma, son una ocasión propicia para conformarnos con esa "mirada".

Quien no da a Dios, da demasiado poco; como decía a menudo la beata Teresa de Calcuta: "la primera pobreza de los pueblos es no conocer a Cristo". Por eso es preciso ayudar a descubrir a Dios en el rostro misericordioso de Cristo: sin esta perspectiva, no se construye una nueva civilización sobre bases sólidas.

Teniendo en cuenta la victoria de Cristo sobre todo mal que oprime al hombre, la Cuaresma nos quiere guiar precisamente a esta salvación integral. Aunque parezca que domina el odio, el Señor no permite que falte nunca el testimonio luminoso de su amor.
A María, "fuente viva de esperanza" encomendemos nuestro camino cuaresmal, para que nos lleve hasta su Hijo.

viernes, 17 de febrero de 2012

DOMINGO 7º DEL TIEMPO ORDINARIO: JESÚS CURA A UN PARALÍTICO

Escuchamos textos litúrgicos de gracia y esperanza. En ellos se manifiesta un Dios que no queda fijo en el pasado, sino que reitera su promesa de renovación y salvación. Es el Dios del perdón y de la promesa, que bendice el presente y estimula el futuro.

En aquel tiempo la gente pensaba que la enfermedad era la consecuencia de algún pecado propio de los padres. Sin embargo, lo que Marcos subraya no es la relación entre pecado y enfermedad, sino el poder de la fe, que es capaz vencer todos los obstáculos.

las autoridades religiosas de Israel defienden que son ellos los guardianes de la ley y de las tradiciones y, por tanto deben ocuparse de los pecados del pueblo a través del perdón otorgado en el templo. Jesús, como representante de la soberanía divina, dice que sus acciones son voluntad de Dios y se atribuye la prerrogativa divina de perdonar pecados. La forma de actuar de Jesús revela quién es. Jesús, el Hijo de Dios, no se muestra indiferente ante esa fe. Jesús perdona y cura al paralítico. Los portadores de la camilla en pasaje recuerdan a las personas que son mediadoras, que nos llevan a Dios.

Los escribas se dan cuenta de ello: el poder de perdonar los pecados es exclusivamente divino. Pues bien, Jesús se arroga dos potestades, una de las cuales, la de curar, es signo de la otra, la de perdonar los pecados. El perdón de Dios significa que Dios no vuelve a acordarse más de los pecados y da un nuevo ser. Hace olvidar el pasado del que ya no hay que volverse a acordar.

El camino que tenemos por delante no es fácil. Son muchas las parálisis que acosan nuestra vida, la de nuestra sociedad. Hay impedimentos internos y externos, personales y sociales... Por eso es necesario elevar al cielo nuestra voz. Jesús sabrá decirnos como al paralítico: "Levántate" para que nosotros podamos levantar a otros.




jueves, 9 de febrero de 2012

LA PALABRA DE DIOS EN CHIARA LUBICH. VI PARTE


LA ESCUELA DE JESÚS

Conviene que recordemos que nosotros necesitamos cada día cuatro comuniones.

La comunión con Jesús Eucaristía. Mediante la Eucaristía es como nos incorporamos al Cuerpo Místico de Cristo, de modo que el más fuerte, Jesús Eucaristía, nos "absorbe" a nosotros, que somos más débiles, y nos deifica. De modo que la unidad con la Eucaristía es importantísima para ser hombres nuevos,  para ser deificados.

La comunión con la Palabra de vida.

La comunión con el hermano.

La comunión con Jesús en medio.

Haciendo estas cuatro comuniones deberíais llegar a entender con vuestra alma, con vuestro espíritu, que todas las palabras del Evangelio son Amor.

REFLEXIONAMOS SOBRE LA ORACIÓN EN S. JUAN CRISÓSTOMO

La oración no es el efecto de una actitud exterior, sino que procede del corazón. No se reduce a unas horas o momentos determinados, sino que está en contínua actividad, lo mismo de día como de noche.

No hay que contentarse con orientar a Dios el pensamiento cuando se dedica exclusivamente a la oración; sino que, aun cuando se encuentre absorvida por otras preocupaciones (...) hay que sembrarlas del deseo y el recuerdo de Dios.

6º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO: JESÚS NOS SANA Y NOS INCORPORA A LA COMUNIDAD



El pasado domingo hablábamos de Job y sus preguntas, y de las respuestas de Dios en Jesucristo. Hoy se nos presenta la figura de un leproso, como signo no sólo de la enfermedad, sino también de maldición. Y esperamos la respuesta de Dios en Jesucristo.

El sufrimiento por la enfermedad estaba acompañado por la marginación más absoluta. Jesús, en el pasaje del evangelio, sana al leproso y lo integra de nuevo en la vida de su pueblo. Jesús no sólo limpia de la enfermedad a ese hombre, sino también la devolución de la dignidad de la persona y la superación de la completa marginación a la que estaba sometido por sus paisanos.

Los leprosos eran impuros y transmitían su impureza, por lo que eran forzados a vivir fuera de la ciudad. Es muy llamativo que Jesús deje que se acerque a él, e incluso le toque para curarle. Lo normal es que hubiera quedado contaminado y, sin embargo, es el leproso el que queda curado. La lepra espiritual es un fenómeno que existe siempre y es sabido que los Padres utilizaron frecuentemente como tema de su predicación los pasajes evangélicos que hablan de la lepra.

Los profetas insisten en que los ritos de purificación y los sacrificios sólo tenían valor si iban acompañados de una purificación interior, pues la verdadera impureza es el pecado. La lepra aparta y el pecado aparta. Las normas del judaísmo segregaban a mucha gente por diversos motivos. Jesús, por el contrario, integra, busca devolver a la comunión. Podemos revisar hoy nuestras actitudes con todos los marginados de nuestro entorno.

En este pasaje volvemos a constatar la cercanía de Jesús hacia los marginados. Los enfermos, los endemoniados, y sobre todo los leprosos estaban en este grupo de personas a las que se excluía de la vida social y religiosa, porque eran impuros. El reinado de Dios, que Jesús hace presente, llega, sin embargo, hasta ellos. Hemos de preguntarnos a la luz de la Palabra, quiénes son hoy estos marginados a los que debe llegar la Buena Noticia del Reino de Dios.

Como cristianos, hacemos una lectura creyente de la realidad que nos rodea, una lectura desde el corazón de Dios. A él nos acercamos como el leproso, desde la fe hecha súplica, buscando que nos limpie, que sane las enfermedades de nuestro mundo. También  pidiéndole fuerza para que nos ayude a transformar radidalmente la sociedad que nos rodea.

En este domingo tenemos presente la campaña de Manos Unidas contra el hambre, con  el lema: "La salud, derecho de todos. Actúa". Sabemos que peor y más dañino que la injusticia es la pasividad de los "buenos". En todo esto pueden los corintios tomar a Pablo por modelo. Pero en realidad, el modelo es Cristo a quien Pablo quiere seguir en todo. Que también nosotros tomemos a Cristo como modelo, de cómo el que ama, no puede pasar indiferente ante las situaciones de sufrimiento, que tocan al ser humano, de manera especial el hambre. No nos crucemos de brazos y cada uno pongamos nuestro granito de arena, para poder ir solucionadando los problemas que afectan a nuestros hermanos. Colaboremos y trabajemos, para suprimir la lepra de nuestro mundo hoy, que es el hambre.



jueves, 2 de febrero de 2012

LA PALABRA DE DIOS EN CHIARA LUBICH. V PARTE



¡Cuántas veces -algunos casi siempre- vivimos como si fuésemos pobres. De ahí la tristeza y el hastío, y el mirar la vida de modo sombrío! Cuando en realidad llevamos en nosotros un tesoro que, si lo coniciéramos, podría hacernos exultar de gozo, llenarnos de plenitud, saciarnos, apagarnos la sed.

Qué absurda nuestra vida cristiana: ser ricos y creernos pobres. Estar vivos y creernos medio muertos. Poder ofrecer siempre al mundo la sonrisa y mostrar tristeza alrededor.


¿Cuándo nos convertiremos de una vez? ¿Cuándo verá el mundo el espectáculo de la vida de los cristianos como ciudad sobre el monte y luz sobre el candelero?


La "luz del mundo"... a "todos" los de casa. Esto es el cristianismo; un fenómeno tan fuerte que el mundo entero es iluminado por él; "todos". Todos significa ¡todos!

Son espléndidas estas palabras de Jesús. Expresan realmente lo que Él ha traído y lo que nos ha dejado.

5º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO: JESÚS EL EVANGELIZADOR ORANTE


Su jornada apostólica y su modo de vivir están trenzados por una indisoluble unidad entre la oración y la acción, entre la palabra y el milagro. La actividad de Jesús consiste en curar, y estas curaciones tienen lugar en la casa y en la puerta de la casa. Y para que quede constancia de la acción de Jesús, el evangelista cuenta a continuación el efecto de la curación. El servicio es uno de los rasgos que caracterizan a los discípulos de Jesús.

 No es el éxito o la fama lo que persigue Jesús. Jesús cura, y su paso es signo de la vida y la vida es signo del Reino presente. La Buena Noticia es la de la vida, que no debe restringirse sólo al sentido espiritual ni sólo al sentido corporal. La multitud le busca sólo porque desea ser curada en el plano físico. Es menester que los hombres le descubran paulatinamente, y sobre todo no por sentimientos movidos por intereses materiales. Los signos de Jesús deben provocar una pregunta acerca de su persona. Hay que llegar a ver en Jesús al que tiene que morir y resucitar para salvar al mundo, al que es preciso seguir en su muerte y en su resurrección.

¡Qué poco entienden todavía estos discípulos! No saben que orar para Jesús es sumergirse en el Padre, recibir amorosamente la unción del Espíritu, fortalecer su misión en la comunión trinitaria, llenarse de las palabras y de la voluntad del Padre, descansar de sus soledades humanas en su verdadero mundo, templar su humanidad en contacto amoroso con su Abbá, dialogar con él día tras día, en sabrosos silencios contemplativos, lo que ha hecho y lo que va a hacer.

La oración es el corazón mismo de la existencia de Jesús, el diálogo ininterrumpido con el Padre, el lugar del discernimiento y de la planificación de su apostolado, el secreto de la fuerza y autoridad de sus palabras, su único consuelo. La oración es expresión de la fe vivida como confianza en Dios.

Pablo, el siervo de Jesús, nos habla hoy de la evangelización, imperiosa tarea de su apostolado: "Ay de mí si no anuncio el Evangelio!" Y nos habla del hacerse todo a todos para ganarlos a todos.

Para la nueva evangelización necesitamos aprender de Jesús a evangelizar desde la oración. Porque en la oración Dios nos reevangeliza con su palabra y su Espíritu y nos habilita para decir las palabras de vida y hacer las obras del amor.